Emilio Jordán Estudio trabaja en Lima en proyectos de vivienda, comercio y espacios culturales, tanto de obra nueva como de intervención en edificaciones existentes. Emilio Jordán dirige cada encargo, desde las primeras ideas hasta el desarrollo del proyecto y su construcción.
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01 - ENTENDER
Todo empieza con una conversación. Detrás de cada encargo hay una manera de vivir, una actividad que necesita encontrar su espacio o un edificio que debe adaptarse a una nueva necesidad. El estudio ordena de forma metódica lo que se desea hasta llegar a lo esencial de lo que se quiere lograr: reconoce lo que ya tiene valor y revisa, con todas las cartas sobre la mesa, qué es posible, cuáles son sus límites, qué vale la pena hacer y cómo abordarlo.
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02 - DISEÑAR
Cada decisión es una toma de partido, cargada de ideas y deseos que deben materializarse. Por eso el proyecto se revisa en todas sus escalas, desde dónde va la sala hasta dónde se coloca el tenedor. Al recorrerlo así, el cliente entiende la propuesta, reconoce sus prioridades y decide con seguridad. El resultado tiene identidad propia: responde a las particularidades del encargo y está preparado para lo que venga después.
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03- CONSTRUIR
Y todo eso tiene que construirse. El detalle, entonces, no es un adorno: es llevar las intenciones a los plazos de obra, a un presupuesto que debe cuadrar con las expectativas y a un diseño que funcione y responda a las necesidades del encargo. Ese cuidado permite que lo imaginado llegue a la obra con coherencia y conserve su sentido cuando el espacio empieza a vivirse. Por eso el estudio diseña sabiendo cómo se construye: sin ese conocimiento de obra, la idea inicial no llega a resolverse.
01 - ENTENDER
Todo empieza con una conversación. Detrás de cada encargo hay una manera de vivir, una actividad que necesita encontrar su espacio o un edificio que debe adaptarse a una nueva necesidad. El estudio ordena de forma metódica lo que se desea hasta llegar a lo esencial de lo que se quiere lograr: reconoce lo que ya tiene valor y revisa, con todas las cartas sobre la mesa, qué es posible, cuáles son sus límites, qué vale la pena hacer y cómo abordarlo.
02 - DISEÑAR
Cada decisión es una toma de partido, cargada de ideas y deseos que deben materializarse. Por eso el proyecto se revisa en todas sus escalas, desde dónde va la sala hasta dónde se coloca el tenedor. Al recorrerlo así, el cliente entiende la propuesta, reconoce sus prioridades y decide con seguridad. El resultado tiene identidad propia: responde a las particularidades del encargo y está preparado para lo que venga después.
03- CONSTRUIR
Y todo eso tiene que construirse. El detalle, entonces, no es un adorno: es llevar las intenciones a los plazos de obra, a un presupuesto que debe cuadrar con las expectativas y a un diseño que funcione y responda a las necesidades del encargo. Ese cuidado permite que lo imaginado llegue a la obra con coherencia y conserve su sentido cuando el espacio empieza a vivirse. Por eso el estudio diseña sabiendo cómo se construye: sin ese conocimiento de obra, la idea inicial no llega a resolverse.
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